
En Córdoba más de un padre solicita que el Estado se haga cargo del tratamiento de sus hijos adictos, en estos últimos días hemos visto en los medios y especialmente en noticieros televisivos como un padre reclama que el Estado contenga y ponga a disposición de su hijo, preso en la cárcel penitenciaria de San Martín, equipos de salud y terapias para que este individuo, pueda salir de su patético estado de adicción a las drogas. Denuncia el padre que el consumo de estupefacientes lo condujo de manera muy precoz a la delincuencia y pasó con mucha facilidad de las pastillas a todo tipo de drogas que pudo encontrar en el mercado y que para saciar su vicio se inició en la delincuencia. Este fue condenado y está purgando condena por robo calificado, pero la cárcel, lejos de alejarlo de la droga, pone en sus manos todo tipo de estupefacientes y así, este joven terminará con su vida en el penal. Su abogado dice que solicitará cárcel domiciliaria para contener al joven y someterlo a un tratamiento para que deje esta adicción y acusa al Estado por no tener un establecimiento carcelario adecuado para la rehabilitación de las adicciones y bajo esa premisa solicitará la prisión domiciliaria. Cabe preguntarse: Si no estuvo contenido por su familia al momento de convertirse en delincuente para pagar el consumo de drogas que lo llevaron a esta situación, ¿Puede hoy ser contenido por su familia? ¿Cuál es la responsabilidad de los padres? Cuando se inició en el consumo ¿Fue contenido por ellos? ¿Es una solución para su adicción que cumpla su condena fuera de la cárcel? ¿Existe un verdadero compromiso para contenerlo y rehabilitarlo fuera del penal o simplemente dejara el penal para volver a delinquir para procurarse la droga? ¿Qué papel juega la familia en este flagelo de la droga? Mientras el gobierno propone que se despenalice el consumo, los jóvenes cada vez a
más temprana edad encuentran en su medio quien les proporcione droga. Pequeños, medianos y grandes narcotraficantes, a quien consume lo atrapan para que forme parte del eslabón de la cadena de distribución de la droga, destruyen la vida de los jóvenes de nuestro medio y cada vez a más temprana edad. Resulta un despropósito despenalizar el consumo porque sería una forma encubierta de legalizar el uso de todo tipo de estupefacientes. Mientras que el Estado no tome una decisión, dando una vuelta de ciento ochenta grados en sus intenciones de despenalizar el consumo y asuma, con responsabilidad, la lucha contra este flagelo, la sociedad se encuentra en grave peligro. Riesgo inminente para los niños, adolescentes y jóvenes que se ven acosados por quienes venden y consumen. Desinformación de las consecuencias que apareja el consumo para la salud, la vida y la sociedad. Total falta de políticas educacionales para evitar el flagelo. Falta de establecimientos de salud donde se pueda contener a los adictos y tratar sus adicciones para reintegrarlos socialmente a una disciplina de trabajo. En lugar de pensar en despenalizar el consumo se debe pensar en combatir cualquier tipo de tenencia y poner los ojos en la educación y promoción del trabajo, como una manera de evitar que el ocio de los jóvenes los lleve a deambular por las calles y a contaminarse con los mal vivientes que los inician en el consumo. Es la familia quien debe jugar un papel preponderante en la contención responsable de sus jóvenes. Padres, gobiernen la vida de sus hijos, no se hagan gobernar por ellos, exijan rendimiento escolar y respeto, dejen de ser permisivos, los jóvenes necesitan límites, ustedes colaboran con su destrucción, dejándolos a rienda suelta deambular
hasta la madrugada sin control alguno. Sepan donde y con quien están sus hijos, indaguen quienes son las amistades que frecuentan, ocupen su tiempo en el control de sus hijos, ustedes son los que más cerca se encuentran para detectar, en forma temprana, el comienzo de una adicción. Con autoridad sométanlos a los adecuados tratamientos, conteniéndolos con amor y responsabilidad. Cada uno de los padres así podrán formar los eslabones fuertes de una cadena que rompa con los traficantes que envenenan a sus hijos. Unidos, peticionen al Estado que se comprometa con la lucha contra este flagelo. El Estado es la suma de las voluntades de cada uno de los miembros de esta sociedad, la lucha empieza por cada uno, por cada casa, por cada familia, y continúa así ascendiendo la pirámide social hasta llegar a los mandos con la fuerza de la unión de todos, exijan una política social destinada a no permitir que se siga destruyendo la juventud argentina.-
Autor: Gloria Iraola Poppe.-
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